La playa no es para el verano

Y aun así, el ser humano sigue autoinmolándose en la playa bajo un sol abrasador

Ya estamos de lleno metidos en el ritual anual de autoinmolación controlada del Homo Sapiens Estivalis.

​Siempre me parece fascinante esta paradoja, un monumento a la disonancia cognitiva humana: emprender una peregrinación en los peores meses del año hacia la radiación ultravioleta más ultra en su apoteosis radiante y pasarse horas bajo el sol en los peores meses del año para exponerse al sol. Pero cuidado, que antes hay que recubrir histéricamente la dermis con polímeros químicos industriales que bloquean dicha radiación, no te vayas a quemar. Es como ir a un concierto de John Williams con tapones de hormigón en los oídos o pagar una fortuna en una cata de vinos exclusivos y beberlos con una pinza en la nariz.

​El plan es sencillamente brillante en su absurdez: hacinarse voluntariamente, como las lentejas en una sartén de arena hirviente, a 45 grados, lejos de techos o paredes que te den sombra, durante horas y horas, solo para impermeabilizarse con potingues sintéticos y así no ‘disfrutar’ demasiado del sol que se ha venido a buscar. Piénsalo. Vas a la playa a tomar el sol pero te pones crema para no tomar el sol mientras pasas un calor insoportable quejándote del sol abrasador y del calor que hace. No tiene sentido. Ninguno. Mientras tanto, el ‘tuk taka tuk tak, tuk taka tuk tak’ del reguetonero de turno que tienes de vecino sintoniza frecuencias licuando aún más tu cerebro. Además del peligro añadido de que se pongan cerca a jugar a las palas, tocándote las gónadas sudadas aún más. No me meto ahí ni loco. Págame lo que quieras. Lo que quieras. Ni apuntándome con una pistola o sacándote una teta. O las dos. Ni de coña.

​Y es que la playa es para el invierno. O primavera u otoño. La estación que sea menos verano. No hay gente, se está fresquito, estás tranquilo, no sudas ni pasas calor, no te quemas con el sol ni te tienes que poner protección solar para no quemarte con el sol, el agua está perfecta de temperatura, PER-FEC-TA, no hay medusas, señoras llamando a sus hijos para que se pongan crema, reguetoneros, cansinos jugando a las palas, estás solo. Casi solo, pero solo en definitiva porque no hay casi personas. No hay casi personas. El paraíso.

La playa en no verano es todo ventajas. Pero no, la gente prefiere ir cuando más gente hay, más calor hace, más agobio hay, más apelotonamiento hay, más difícil es aparcar, más caro está todo y en la época del año con más probabilidades de tener un futuro problema en la piel.

​Humanos.

Barthestudios

Soy una persona de mente clara y calva reluciente con una incontrolable ansiedad por buscar el juego de palabras perfecto, la situación ambigua convertirla en ingeniosa, transformar frases normales y recitarlas en prosa, hacer chistes por doquier como quien no quiere la cosa... y no la puedo controlar.

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